Vid y encina de invierno

Siempre te llevo en la piel.

En lo más profundo del alma, teñida de suaves tonos verdes de tanto añorar tus colores

No como un afilado e imperecedero tatuaje Sino más bien, como un aroma que acaricia sin impregnar.

Llevo en tus dedos la dulce resina de tus dioses naturales

El raspar de las hojas de encina, casi grisáceas y camufladas, tan seguras de sí ,mismas, tan fuertes. La delicadeza de las margaritas, pequeñas chillonas y lanzadas flores.
“Convive conmigo el aroma del cantueso, brillando al sol, y delicadamente zarandeado por la brisa, madre y hermana” Ada
“En mis ojos se dan la mano cuando duermo, el vívido recuerdo de los almendros en flor, arrebatador regalo para los sentidos que, agradecidos, se entregan a esa sonrisa de la naturaleza” Ada

De tu naturaleza

Se han apropiado de mi corazón tus montañas, repletas de lugares secretos que invitan al descanso y al autoconocimiento.

El liquen que, cual organismo prehistórico e infinitamente solitario, adorna y sujeta los altos árboles convirtiéndolos en cuidadas columnas blancas como la nieve.
“Te llevo en el alma. Te llevo en cada rincón de mi piel. Te llevo en mis ojos y te llevo en mis sueños cuando de noche vuelven a mí las infinitas estrellas que te arropan” Ada

Pequeño rincón en el paraíso, salpicado en un rincón perdido como una manchita verde convertida en refugio.

Te echo de menos Extremadura

Eyra M.